A la hora de contratar hosting, muchos servicios se jactan: 99% de uptime y como estrategia de marketing estoy seguro de que solo eso basta para que muchos digan:

“¡Uy, 99%! Estos si que saben lo que hacen así que voy a contratar con ellos por que necesito que mi página web no se caiga nunca, ni aun que se acabe el mundo.

¿Estás seguro?

Algunos, mucho mas marketineros, llevan esta estrategia un paso mas allá y  te sacuden con un rotundo: 99.9% de uptime.

“¡WOW! ¿99.9%? ¿Que estoy haciendo yo entonces con estos miserables que solamente me aseguran el 99% de uptime?”

¿Seguro seguro?

Malas noticias. Esto del uptime, como casi todo cuando se trata de hacer propaganda, no es mas que otra gran mentira por omisión, por que cuando pelás la calculadora y hacés un poco de números, se te cae un ídolo:

  • 99% de uptime = Quedarte sin servicio durante 7 horas y doce minutos al mes, que al año suman un total de 3 días completos, 15 horas y 36 minutos y no poder quejarte.
  • 99.9% de uptime = 43 minutos al mes sin servicio, 8 horas con 46 minutos al año sin servicio y vos calladito, sin poder decir nada, por que fué lo pactado.

Y así sucesivamente… Así que la pregunta es:

¿Hasta cuantos decimales es una cifra aceptable?

La gente de Pingdom, el servicio de monitoreo por excelencia de sitios web, por medio de su blog ha puesto a disposición de todos nosotros este cheatsheet que te lo muestra mas clarito imposible:

Malditos tramposos

Malditos tramposos

También podés descargar la versión en PDF para imprimir haciendo click acá.

Lo que me rompe los huevos de Facebook es tener que navegar entre un maremoto de zoretes para encontrar algo que sea relevante y por eso…

Algo así fue lo que argumenté en la conversación que estábamos teniendo.

Entonces deberías ser tener mas cautela a la hora de elegir a quienes considerás tan relevantes como para ser tus amigos en Facebook, Me respondieron.

Contundente. Gancho derecho al mentón y knock out. Me desarticuló todo lo que tenía pensado para terminar la frase. Tiene razón.

Dime con quien andas...

Buscando excusas para justificar que no entiendo ni quiero entender a Facebook, charlábamos sobre la gente que no es lo suficientemente nerd como para tener una cuenta en Twitter y por eso te llena el Streaming –hasta hace media hora yo no sabía ni siquiera que el maremoto de zoretes tuviera nombre técnico, ¡gracias Guillermo!– con nimiedades del tipo:

  • Bue, no doy mas, me voy a enseñarle a la almohada cuantos pares son tres corpiños.
  • Emboladazo…
  • Esperando a mi jermu con milanesas con papas de rotisería

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Hace un tiempo visité a un amigo que se acaba de terminar de construir su casa, desde cero.

Ingeniero civil y fanático de la tecnología como es, se las pensó todas. Las pensó tan bien que hasta me hizo sentir inferior, subyugado a una vida signada por zapatillas, prolongaciones y adaptadores eléctricos de un tipo de pata a la otra que justo dio la puta casualidad que no me coincidía con la que pretendía enchufar.

Mi amigo tiene tres tomacorrientes de esos que son multi-todo –que hasta son compatibles con cafeteras checoslovacas– cada metro y medio. En toda la casa, en todos los ambientes, en todas las paredes.

“Una fortuna me gasté boludo, no sabés”… Pero valió cada centavo.

Haber vuelto a mi casa después de ver eso, a mi vida insignificante, escasa de tomacorrientes, enredada y poblada de pelusas ahí en donde ni la mas corajuda de las aspiradoras se atrevería me dejó envidiando pensando en como ni los arquitectos, ni los ingenieros civiles donde corresponda, ni los albañiles ni los electricistas mas adelante nos tienen en cuenta a nosotros, que ya no somos los menos, que somos legión, que somos nerds.

Nosotros, que así como no podemos aguantar la respiración por mas de medio minuto, tampoco podemos aguantar sin un tomacorriente cerca mas de 8 horas en el mejor de los casos, en bajada, con el wi-fi y el bluetooth apagado, el brillo de la pantalla por la mitad y el viento a favor.

En casa de herrero, cuchillo de utilería.

En casa de herrero, cuchillo de utilería.

Si me olvido de las casas que ya datan de un par de decenas de años en donde con solo un tomacorriente –total, solo un velador… ¿Para qué mas?– por dormitorio alcanzaba y la ubicación de ese único y puto tomacorrientes definía en en última instancia la posición de tu cama (cagándose olímpicamente en el feng-shui), he visto que inclusive en departamentos “a estrenar”, si bien se nota que han tenido este aspecto en cuenta, a golpe de vista nomás ya podés hacer una estimación de cuantos tomacorrientes te van a faltar.

De hecho, a las generaciones futuras de arquitectos deberían enseñarle:

Tdb = Ei x Fct

En dónde:

  • Tdb = Cantidad de tomacorrientes que deberían bastar.
  • Ei = Estimación inicial
  • Fct = Factor de corrección tecnológico, al que hoy en día debería asignársele un valor de por los menos 4 y que lento pero implacable no deja de crecer mientras leés esto.

Y es que no se si a ustedes les pasa pero a mí al menos, a donde vaya los cables me siguen como una maldición. Allí en donde yo habite por mas de dos semanas al poco tiempo no habrá mas tomacorrientes libres, lo cables se enredarán entre si como por arte de magia y las pelusas copularán y se reproducirán a sus anchas, a sabiendas que en donde hay un apelotonamiento de cables, no se toca.

No, por mas que pongamos el mejor esfuerzo parecería que no vamos a librarnos de los los tomas de energía eléctrica por un buen rato al menos…

Y eso que existen estándares de conectividad sin cables que prometen ser el Armagedón de las pelusas, ¿Se imaginan lo que sería si no?